lunes, 14 de julio de 2008

El Diálogo y la Discusión

Anteriormente tocamos el tema de cómo podemos mejorar los resultados de nuestras reuniones de grupo, y llegar a acuerdos y consensos de una manera efectiva. Pero individualmente, además de desarrollar el "uso de los seis sombreros", podemos seguir ciertas reglas que mejorarían nuestra forma de desempeñarnos en la argumentación de ideas.
En la entrada sobre los seis sombreros para pensar utilicé la palabra "discusión" indiscriminadamente como sinónimo de intercambio de ideas, sin importar la forma en que estas ideas se expresan o cómo se desempeñen los individuos en tales argumentaciones. Sin embargo a partir de ahora distinguiré entre este concepto y el de "diálogo". Ambos conceptos han de aplicarse equilibradamente según el objeto que se persiga. En las líneas siguientes explicaré su notable diferencia.
"La capacidad de aprender con mayor rapidez que los competidores quizá sea la única ventaja competitiva sostenible", cita Peter Senge en su libro La quinta disciplina. Pero ¿qué es el aprendizaje? normalmente se piensa en el aprendizaje como la absorción de información o acumulación de conocimientos, pero esto dista mucho de constituir el verdadero aprendizaje. El aprendizaje supone capacitarnos para hacer algo que antes no podíamos hacer, para crear y percibir nuevamente el mundo y nuestra relación con él.
El aprendizaje tiene una característica que se aplica a la mayoría de los sistemas: es sinérgico, es decir, el todo es mayor que la suma de sus partes. Colectivamente, podemos ser más agudos e inteligentes de lo que somos de manera individual. El cociente intelectual del equipo (su capacidad de aprender) es potencialmente superior al de los individuos.
El aprendizaje colectivo es el proceso de alinearse y desarrollar la capacidad de un equipo para crear los resultados que sus miembros realmente desean. Para lograr el aprendizaje en equipo se usan dos tipos de discurso: el diálogo y la discusión.
En el diálogo un grupo se "abre al flujo de una inteligencia más amplia", y se llega a una verdad superior. En el diálogo, un grupo tiene acceso a una mayor reserva de significado común, a la cual no se puede tener acceso de manera individual. El todo organiza las partes, en vez de tratar de amalgamar las partes en un todo. El propósito del diálogo consiste en trascender la compresión de un solo individo.
Para que haya un diálogo han de observarse tres condiciones básicas:
  1. Todos los participantes deben suspender sus supuestos, literalmente, sostenerlos como suspendidos antes sí mismos. Esto significa tener conciencia de nuestros supuestos y someterlos a examen. Esto no se puede hacer si defendemos nuestras opiniones, o si no somos consientes de nuestros supuestos y si se basan en suposiciones o hechos comprobables.
  2. Todos los participantes deben verse como colegas. Todos los involucrados deben desear de veras los beneficios del diálogo en vez de aferrarse a los privilegios del rango.
  3. Tiene que haber un árbitro que mantenga el contexto del diálogo. Su comprensión del diálogo le permite influir sobre el desarrollo con su mera participación.
En la discusión por otra parte, el tema se puede analizar y diseccionar desde muchos puntos de vista suministrados por los participantes. El propósito normalmente es ganar, ganar significa lograr que el grupo acepte nuestros puntos de vista. En otras ocasiones podemos aceptar parte del punto de vista de otra persona pero fundamentalmente deseamos que prevalezca el nuestro. El énfasis en ganar, sin embargo, no es compatible con la prioridad de la coherencia y la verdad. Para lograr ese cambio de prioridades acudimos al diálogo.
Es necesario lograr equilibrio entre diálogo y discusión. En una discusión se presentan y defienden diferentes puntos de vista y esto puede brindar un útil análisis de toda la situación. En el diálogo se presentan varios puntos de vista con el fin de descubrir un punto de vista nuevo. En una discusión se toman decisiones. En un diálogo se exploran asuntos complejos. Cuando un equipo debe llegar a un acuerdo y debe tomar decisiones, se requiere un grado de discusión. A partir de un análisis convenido en común, es preciso sopesar diversos puntos de vista y seleccionar el preferido. Las discusiones productivas convergen en una conclusión o curso de acción. Los diálogos, en cambio, son divergente; no procuran el acuerdo sino una aprehensión más matizada de asuntos complejos.
Un equipo de aprendizaje domina el movimiento que va del diálogo a la discusión. En el aprendizaje en equipo lo discusión es la contrapartida necesaria del diálogo. El uso de los seis sombreros, el seguimiento de las reglas para el diálogo y el correcto equilibrio entre este y la discusión suponen éxito en la tarea de aprender colectivamente...